El galgo es un lévrier español, perro de caza de liebres, dócil, silencioso, tan hecho para el sofá como para la carrera. España es el único país de la Unión Europea donde la caza con galgos sigue estando autorizada, y eso es lo que convierte al galgo en un caso aparte.
El hecho central cabe en una línea de ley. La ley española de bienestar animal (ley 7/2023, en vigor desde septiembre de 2023) excluye explícitamente a los perros de caza de su ámbito de aplicación. El mismo perro está, pues, protegido si duerme en un salón, y privado de esas protecciones si pertenece a un cazador. Algunas regiones como Madrid o la Comunidad Valenciana los han reintegrado en su legislación local; otras no. La legislación europea sobre el bienestar de perros y gatos, en curso de negociación, también los ha excluido mediante enmiendas.
En cuanto a las cifras, la honestidad obliga a decir que son objeto de disputa. Las plataformas de protección hablan de miles de abandonos de perros de caza cada año a final de temporada; el primer censo oficial del ministerio español, publicado en 2025, cuenta bastantes menos; las asociaciones responden que ese censo no capta a los perros que nunca fueron recogidos. Nadie dispone de una cifra incontestable, y este sitio no le dará una falsa. Lo que sí está documentado, en cambio: cada final de temporada de caza, en febrero, los refugios especializados ven llegar a los galgos retirados, heridos, envejecidos o considerados insuficientes, y el ciclo vuelve a empezar con la reapertura de agosto.
Lo que puede hacer es concreto. Las galgueras españolas referenciadas más abajo funcionan en red con familias de acogida y dan en adopción en toda Europa: el galgo viaja bien y se adapta notablemente a la vida familiar. El apadrinamiento sostiene a los perros no adoptables. Y una petición internacional pide el fin de la caza con galgos en España.
Una palabra sobre la adopción, por último, para desmontar un temor frecuente: un galgo no necesita correr durante horas. Es un velocista que duerme veinte horas al día, discreto, dócil con los niños, y que a menudo descubre el sofá como una revelación.